Contraindicaciones "relativas":

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Contraindicaciones "relativas":

A diferencia de las absolutas, las contraindicaciones relativas se refieren a aquellas circunstancias específicas de una persona en las que la administración de un tratamiento determinado podría aumentar el riesgo de padecer efectos adversos. Con todo, la peligrosidad puede no ser considerada tan elevada como el beneficio obtenido en última instancia, motivo por el que se podría la prescripción médica podría decidir administrar el tratamiento de todos modos.

Por muy "sanos" que creamos estar, el consejo es siempre consultar con un profesional de la salud antes de emprender un período de ayuno, a fin de descartar cualquier posible riesgo. En los siguientes casos deberíamos contar con la autorización expresa de una autoridad facultativa.

Contraindicaciones relativas del ayuno

Tensión arterial:
La presión de la sangre conviene realizarla aproximadamente dos veces al día, especialmente durante el ayuno hídrico. En el preayuno simplemente se ha de tener en cuenta si el paciente es hipertenso o hipotenso y si lleva tratamiento para la tensión o para cualquier otra patología.
La medicación hay que tenerla muy en consideración puesto que la tensión arterial suele bajar durante el ayuno, sumándose los efectos del ayuno a los de la propia medicación antihipertensiva.
En los hipotensos el ayuno al principio puede bajarla un poco, pero hacia el final del ayuno la tensión se normaliza generalmente. En algunos casos la hipotensión se recupera aumentando la ingestión de agua ya que provoca un aumento del volumen circulatorio.
Peso corporal:
No deben ayunar todas aquellas personas que estén por debajo del límite inferior de su peso recomendado en tablas que consideren adecuadamente al menos tres tipos de constitución: pequeña, mediana y grande.
Depresión:
Pueden ocurrir crisis o cambios psíquicos de descarga emocional leves durante el ayuno. A veces inestabilidad emocional, inquietud, agresividad.
No olvidemos que utilizamos la comida para tapar ansiedades, preocupaciones, disgustos, etc. y cuando dejamos de comer quitamos la “tapadera” y pueden surgir diferente síntomas psicoemocionales.
Las depresiones son condiciones de inestablilidad mental que podrían desaparecer bajo un estado de ayuno. Establecerse nuevas metas en la vida, al mismo tiempo que renovamos nuestras ambiciones y esperanzas y recuperamos nuestro estado de salud, servirá para superar rápidamente cualquier crisis depresiva
Trabajo físico:
Si queremos o tenemos que seguir cierto ritmo de actividad diaria es preferible mantenernos a crudos (frutas, ensaladas, zumos de fruta, jugos de verduras), ya que el ayuno produce generalmente una interiorización de la energía. Durante el ayuno, los órganos internos tienen más energía pero los músculos exteriores se quedan con poca energía durante el ayuno. Hay cierto sentimiento de cansancio y necesidad de reposar y llevar un ritmo más bien lento. El descanso es imprescindible durante el ayuno, especialmente en las personas con poca energía.
Tuberculosis evolutiva:
En su fase avanzada, la tuberculosis pulmonar puede precipitar de manera exagerada la pérdida de peso y de fuerzas, en cuyo caso la recuperación deviene mucho más lenta y dificultosa. Con todo, la tuberculosis en su fase inicial puede llegar a ser paliada mediante el ayuno, seguido de una higiene y una dieta apropiadas, dado que la tuberculosis nace como síntoma localizado de una nutrición desordenada.
Insuficiencia renal:
Si bien el ayuno no es una contraindicación en todos los insuficientes renales, es necesario conocer el estado renal al comenzar el tratamiento para decidir si se hace ayuno completo o mitigado, con dieta protéica o hidrocarbonada, ya que una dieta grasa puede provocar una mayor disminución de la filtración glomerular.

Por otra parte, existen una serie de hábitos y circunstancias personales que hacen desaconsejable iniciar el ayuno sin haberlos abandonado previamente (véanse las recomendaciones para el período de preparación). Sería el caso de personas que abusan del tabaco, alcohol, proteínas y grasas de origen animal, medicamentos, o que padecen de stress. A parte del malestar causado por el síndrome de abstinencia, las toxinas acumuladas en el organismo por el consumo de sustancias nocivas podrían movilizarse y provocar efectos adversos.

Desde un punto de vista psicológico, uno de las contraindicaciones más comunes del ayuno se encuentra en el temor y el miedo. Por lo general, las personas que deciden emprender un período de ayuno depurativo lo hacen convencidas y predispuestas, gracias al conocimiento de sus grandes propiedades sanadoras. Sin embargo, en muchas ocasiones el entorno personal actúa como elemento disuasor y, por ende, contraproducente. Un claro ejemplo sería el de una pareja, donde uno de ellos sienta recelos o incluso temor al ayuno.

Por otra parte, huelga decir que todas aquellas personas que siguen un estilo de vida saludable (sin stress, sin hábitos perjudiciales, con una alimentación vegetariana o afín, que hacen ejercicio habitualmente...) y que, por tanto, tienen un organismo sano, equilibrado y con las defensas activas, no es necesario que se planteen el ayuno terapéutico. Basta simplemente con mantener esa forma de vida y, en todo caso, y en la medida de lo posible, intentar mejorarla (por ejemplo, pasar de una dieta omnívora a vegetariana o vegana, modificar las rutinas de ejercicio para fortalecer otros miembros, etc.).

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