¿Qué pasa al ayunar?

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Qué pasa mientras ayunamos?

En pocas palabras, ayunar es darle un descanso al organismo. Al no comer, se libera de los esfuerzos digestivos, mecánicos, secretorios y nerviosos con los que habitualmente gestiona la ingesta de alimentos.

Ayunando, pues, permitimos al cuerpo ahorrar una cantidad inimaginable de energía y le damos la oportunidad de dedicarla a procesos emuntorios (limpieza, eliminación, excreción) y reparadores de tejidos (regeneración y reajuste metabólico).

He aquí el “secreto” del poder del ayuno: la capacidad inteligente del cuerpo para reutilizar los excedentes de energía en favor de la salud.

Privar al cuerpo de comida es privarlo de calorías. Sin embargo, incluso en reposo, nuestro metabolismo sigue consumiendo energía (entre 1200 y 1500 calorías diarias). Una vez agotadas las fuentes de glucosa, el organismo recurre recurre a las fuentes de reserva, que son, en condiciones normales, los tejidos adiposos (grasa) y musculares. En condiciones de desequilibrio orgánico, estas fuentes de energía adicionales pueden ser quistes, lipomas, depósitos de colesterol y otras excesos de origen patológico.

El intestino, al reducir su actividad prácticamente a cero, deja de recibir ácidos biliares. Asimismo, el hígado, reconfortado por ese descanso de toxinas, sigue filtrando la sangre y libera bilis y desechos metabólicos esparcidos por la mucosa intestinal. Por tanto, este órgano se regenera profundamente (descamación del epitelio intestinal mucoso, una vez liberado de otras materias de paso).

Los riñones siguen filtrando la sangre y las toxinas siguen eliminándose por medio de los órganos excretores. Por su parte, los pulmones pueden oxigenar con mayor eficacia la las sobrecargas y la piel multiplica su actividad excretora de toxinas.

El reposo orgánico del ayuno, pues, no es sino una reasignación natural de tareas que afecta a prácticamente todos los órganos del cuerpo, dedicados ahora labores de “reciclaje” y eliminación de desechos. La intensidad de estas nuevas tareas será inversamente proporcional a la calidad de los tejidos vitales. Además, la desintoxicación se ejecuta gradualmente, en orden inverso a la recepción de las toxinas en el cuerpo: de más reciente a más antiguas.

Esto puede provocar, en algunos ayunantes, una especie de vuelta atrás en el tiempo, durante la cual se reviven algunos síntomas de patologías pasadas cuyas toxinas están siendo expulsadas. Del mismo modo, la mayoría de ayunantes destacan la intensidad de los olores corporales (respiración, heces, orina, sudor). Esto se explica por la excreción de toxinas derivadas de moléculas aromáticas ingeridas en el pasado , tales como café, cacao, carnes asadas, o el tabaco.

Esto demuestra, por lo tanto, que, en primer lugar, una cantidad significativa de los alimentos tóxicos ingeridos se almacenan en los tejidos profundos (mayormente los adiposos), y, en segundo lugar, que el ayuno es capaz de reparar esos tejidos y acabar con los depósitos tóxicos acumulados con el paso del tiempo.

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