El Ayuno espiritual

Aunque la frontera que separa lo espiritual de lo religioso queda en muchos casos difuminada por el estrecho vínculo que une a ambos conceptos, trataremos aquí de enfocar la práctica del ayuno centrado en la búsqueda de nuevas experiencias sensoriales y la elevación del espíritu.

Procesos emocionales

A menudo observo en los ayunantes que, tras cuatro días de ayuno, la concentración parece mejorar, el pensamiento creativo se expande, la depresión desaparece, el insomnio se detiene, la ansiedad se desvanece, la mente se vuelve más tranquila y comienza a aparecer una alegría natural. Mi hipótesis es que, cuando las toxinas físicas se eliminan de las células del cerebro, automáticamente la función mental-cerebral mejora y las capacidades espirituales se expanden de manera notable.

Dr. Gabriel Cousens

Al ayunar, nuestro organismo va accediendo gradualmente a unos niveles de vibración mucho más sutiles. Si se practica con cierta regularidad, es posible apreciar notables incrementos en nuestra percepción, tanto de los cinco sentidos oficiales como de la extrasensorial, lo que algunos llaman el sexto sentido.

Dado que la eliminación de impurezas se produce a nivel integral, el ayuno puede incrementar la capacidad energética y espiritual del individuo. Sabedores de estos beneficios, antiguos sacerdotes, gurúes, chamanes y otros guías espirituales ayunaban para dotarse de una mayor fortaleza interna y aplacar la ira de los espíritus vengativos.

Uno de los beneficios del ayuno son sus efectos sobre nuestros estados emocionales. Mientras dura el proceso, es común notar una mayor sensibilidad y sentirse mucho más emotivo. Algunas personas pueden incluso prolongar ese estado más allá de la finalización del ayuno. Lejos de ser algo negativo, debemos considerar este cambio como un proceso natural de “limpieza emocional”.

Esta es la razón por la que es se recomienda reducir la actividad y durante los períodos de ayunas y hacerlo en ausencia de las obligaciones cotidianas. Bajo estas circunstancias ideales, nos permitirá dejar a un lado buena parte de nuestras preocupaciones y favorecerá el descubrimiento interior.

La forma de manifestarse esta vertiente espiritual no es tan fácil de describir como pueden ser los procesos fisiológicos del ayuno que benefician a la salud. De hecho, cada persona tiende a experimentar las sensaciones a su manera. A menudo, suceden tan sutilmente que apenas si se notan.

Estos son algunos de los beneficios psicológicos o espirituales que podrían apreciarse en un ayuno superior a tres días:

  • Incremento de la fuerza de voluntad
  • Aumento de la estabilidad psicológica, autoconfianza y autocontrol
  • Sensación de mayor bienestar espiritual, por la reducción de los deseos y necesidades corporales
  • Visión interior más nítida y profunda
  • Mayor capacidad de concentración, meditación y oración
  • Nueva concepción del hambre, los alimentos, su valor y necesidad

Mayor capacidad para canalizar las energías y sanar dolencias psicológicas

Interpretación científica de los efectos espirituales del ayuno

Como acabamos de ver, la conexión entre ayuno y espiritualidad es un hecho asumido desde la antigüedad y en la mayoría de las sociedades. Desde un punto de vista racional, ese vínculo no deja de ser una mera idea abstracta, construida a partir de experiencias históricas colectivas.

Aun así, la realidad es que la mayoría de ayunantes admiten que al ayunar se agudiza notablemente su capacidad mental.

Pocos son aún los estudios científicos que se han dedicado a indagar en este asunto, si lo comparamos con los dedicados a demostrar los efectos del ayuno en otros ámbitos de la salud.

La actividad cerebral abarca un buen número de procesos que controlan las distintas funciones cognitivas (lenguaje, juicio, imaginación, percepción…). Al igual que el resto del organismo, los procesos cerebrales se ejecutan por medio de células, las cuales también necesitan energía para su buen funcionamiento. Esta energía proviene fundamentalmente de la glucosa.

Si entendemos, pues, que la glucosa es el principal combustible para el cerebro, lo lógico es deducir que el ayuno (al restringir el aporte de glucosa) va a modificar el rendimiento habitual de nuestra actividad cerebral.

Sin embargo, se han realizado estudios que demuestran más bien lo contrario: la restricción de glucosa no impide su disponibilidad por parte del cerebro. Como hemos mencionado con anterioridad, el organismo humano tiene la extraordinaria capacidad de reajustar su sistema fisiológico mediante una serie de mecanismos de autorregulación (homeostasis).

Cuando el cuerpo detecta una falta de glucosa por el medio habitual (digestión de alimentos), la busca en otras fuentes internas de reserva, como el glucógeno y las proteínas. Esta nueva formación de glucosa (gluconeogénesis) puede equilibrar la disponibilidad de glucosa en el cerebro durante 24 horas.

Para entrar a valorar estas consideraciones en relación con el fenómeno espiritual, debemos partir de la base de ayunos superiores a esas 24 horas. A partir de ese momento, las células nerviosas empiezan a carecer de la cantidad de glucosa necesaria para ejecutar su trabajo en condiciones óptimas.

Al no encontrar reservas suficientes en el glucógeno y las proteínas, el cerebro comienza a recoger energía de los cuerpos cetónicos. Esta nueva fuente de energía produce cantidades más elevadas de trifosfato de adenosina (ATP) que la glucosa, lo cual puede modificar los efectos metabólicos generados en el cerebro.

Fisiológicamente, por lo tanto, es evidente que la restricción prolongada de glucosa en el organismo altera progresivamente las capacidades de nuestra actividad cerebral.

Por ejemplo, uno de los procesos mentales alterados por el cambio de metabolismo en ayunos prolongados es el que afecta a la percepción visual. El incremento de la corriente eléctrica producida por los cuerpos cetónicos puede llevarnos a percibir las imágenes de manera diferente a la habitual.

Lo mismo puede suceder en otros procesos cognitivos en los que intervienen los impulsos eléctricos, como la memoria, el pensamiento y la imaginación: en definitiva, la interpretación de la realidad. Esta alteración de la percepción no deja de ser muy diferente a lo que se experimenta en situaciones como por ejemplo la fatiga extrema, ataques de epilepsia o experiencias cercanas a la muerte.

Si nos atenemos a este razonamiento, pues, resulta fácil explicar la interpretación espiritual que muchas personas atribuyen al acto del ayuno. La aproximación o el encuentro visual con la divinidad de turno, las llamadas del más allá, la purificación del alma, la consecución del Nirvana, etc. pierden su encanto místico y se reducen a una serie de fenómenos puramente fisiológicos.

Sea cual sea el motivo, es innegable que la práctica de cualquier actividad que no implique un elevado grado de esfuerzo físico encontrará con el ayuno una intensificación de sus efectos, la mayor parte de las veces en sentido positivo. Las personas creyentes se sentirán más cerca de Dios al practicar sus oraciones, los ateos o agnósticos se sentirán más en armonía con sus semejantes si se implican en la reflexión y la meditación. En todo caso, siempre dependerá del tipo de actividad que se realice.

Las chicas del ayuno

Las chicas del ayuno (Fasting Girls) es el término con el que se definió en la era victoriana a un grupo de chicas, las cuales, al parecer, eran capaces de sobrevivir durante un periodo indefinido de tiempo sin consumir ningún tipo de alimento. No sólo practicaban este tipo de ayuno prolongado, sino que además afirmaban poseer poderes especiales de índole religiosa y mágica.

La capacidad de sobrevivir sin alimento se atribuyó a algunos santos durante la Edad Media, incluyendo Catalina de Siena y Liduvina de Schiedam, y era considerado como un milagro y una señal de santidad. Se conocen numerosos casos de chicas del ayuno durante el siglo XIX, a los cuales se les atribuía la consideración de milagro.

Algunas de estas chicas mostraban señales de estigmatización. Sin embargo, los médicos veían no compartían esa opinión, al considerarlo fruto de la histeria. El historiador Joan Jacobs Brumberg cree que se trata de los primeros casos de anorexia nerviosa

El caso de Mollie Fancher, conocido como el “Enigma de Brooklyn”, fue muy popular debido a que la chica afirmaba que prácticamente no comía nada durante periodos de tiempo muy prolongados. A sus 16 años, se le diagnosticó dispepsia. Unos tres años más tarde, se supo que había estado siete semanas sin comer nada.

A causa de dos accidentes, en 1864 y 1865, Mollie Fancher perdió los sentidos de la vista, tacto, olfato y gusto, lo cual acrecentó aún más su leyenda. Según ella, había adquirido poderes adivinatorios, además de la capacidad para leer sin usar la vista.

Posteriormente, tras afirmar que llevaba 14 años en total abstinencia de alimentos, la comunidad médica y el público en general se interesaron por su caso y quisieron comprobar si realmente era cierto. Con todo, nunca se pudo constatar la veracidad de su abstinencia hasta su muerte, en febrero de 1916

Otro de los casos más notorios fue el de Sara Jacob (1857-1869), la “chica del ayuno galesa”, quien sostuvo haber mantenido una vida basada en la inedia desde que tenía doce años. Tras un largo periodo de fama, durante el cual recibió regalos y donaciones de numerosas personas que creían en su “milagro”, los médicos, cada vez más escépticos acerca de sus pretensiones, consiguieron la aprobación para supervisar su caso en un hospital.

Tras dos semanas de internamiento, Sara comenzaba a dar señales evidentes de inanición. A pesar de las advertencias por parte del personal sanitario, tanto ella como sus padres se negaron a aceptar alimentos, incluso estando ya al borde de la muerte, alegando que esos síntomas no tenían nada que ver con su ayuno

Aunque sí que había ingerido pequeñas cantidades de comida en secreto, lo avanzado de su estado la llevó a la muerte unos días más tarde. Sus padres fueron condenados a trabajos forzados por homicidio.

Debido a la curiosidad que despertó el fenómeno de las chicas del ayuno en su época, muchas empresas y personas intentaron sacar partido de su publicidad. En el caso de una de las chicas no mencionadas anteriormente, Marie Josephine Bedard, dos empresas de Boston, Nickelodeon y el museo Stone and Shaw llegaron a competir en los tribunales por el derecho a “exponer a la chica” en público.

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