El ayuno reivindicativo

Además de la religión, el higienismo y la terapia, el ayuno se suele relacionar, sobre todo a partir del siglo XX, con la protesta, la reivindicación, la desobediencia y demás muestras de desafío a diferentes instituciones. He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como lo hacéis hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.

¿Es éste el ayuno que yo escogí: que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como un junco y haga cama de telas ásperas y de ceniza? ¿Llamaréis a esto ayuno y día agradable a Jehová? El ayuno que yo escogí, ¿no es más bien desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo? Isaías, 58:4-6

En su libro “Estrategia de la acción no violenta”, el francés Jean-Marie Muller, del Movimiento por una Alternativa No violenta, distingue entre ayuno y huelga de hambre. El primero es un asunto estrictamente privado, mientras que el segundo representa un acto público. Según él, y como en esta sección vamos a tener la oportunidad de comprobar, existen dos tipos de huelgas de hambre: la huelga de hambre limitada, cuyo objeto es alertar a la opinión pública, y la huelga de hambre ilimitada, cuyo final viene dado por la consecución de los objetivos marcados.

Precedentes del ayuno reivindicativo

La existencia de la injusticia a nivel social o individual se remonta a los albores de la civilización humana. Al principio, la manera habitual de resolverlas era mediante el alzamiento y las armas.

Sin embargo a medida que la civilización iba avanzando, otras formas han ido sustituyendo al recurso de la guerra.

Si bien aún es frecuente oír sobre revueltas violentas, la protesta pacífica se ha convertido en un formato adoptado por la mayoría de personas y colectivos afectados por la injusticia.

En Irlanda, la huelga de hambre se viene practicando desde la era pre-cristiana, cuando los más indefensos protestaban a fin de llamar la atención de los más poderosos sobre alguna injusticia o para reclamar la restitución de una deuda.

En algunas culturas, a fin de obtener más tiempo para devolver un préstamo, era costumbre ayunar en el portal de la casa del prestamista. Si éste dejaba morir de hambre al ayunante, era objeto de vergüenza pública por falta de hospitalidad y generosidad.

El ayuno era una forma de protesta pasiva-agresiva, una especie de chantaje emocional con la deshonra y el sentimiento de culpa como moneda de cambio. Se utilizaba como una forma de castigo directo, en caso de haber agotado el resto de recursos. La potestad (y por tanto, la responsabilidad) para acabar con el ayuno recaía sobre el infractor, de modo que si éste permitía la muerte del ayunante, la comunidad le podría considerar como culpable de ella. En se caso, se le condenaba a pagar una deuda a la familia del fallecido.

A partir del siglo 20, la huelga de hambre comenzó a asumir un significado de índole más política. El ayunante pone su vida al servicio de sus exigencias. Ante tal dicotomía, los gobiernos capaces de contemplar su muerte sin inmutarse son descalificados por crueldad y falta de humanidad.

Entre 1972 y 1982, al menos 200 huelgas tuvieron lugar en 52 países. En ellas murieron veintitrés personas, de las cuales doce eran huelguistas irlandeses en cárceles del Reino Unido.

Huelgas de hambre

La protesta pacífica basada en la movilización y el ayuno (huelga de hambre) confía en la noción de que pasar unos días, individual o colectivamente, absteniéndose de alimentos, acaba causando una profunda conmoción en las autoridades y, en última instancia, la concesión de sus demandas.

El denominador común de este tipo de protestas suele ser una motivación provocada por la frecuente irracionalidad de actos, leyes, sentencias y decisiones tomadas por las entidades poderosas.

En este preciso instante, cientos (tal vez miles) de personas están llevando a cabo una huelga de hambre, término con el que comúnmente se denomina a esta forma de protesta. Ya sea para reclamar la custodia de un hijo, un puesto de trabajo, expresar rechazo ante una ley o contra la corrupción, reivindicar el respeto de los derechos humanos, alcaldes en contra de determinadas legislaciones, o incluso exigir una invitación para la boda real británica; el ayuno voluntario practicado como medio para obtener un objetivo personal o colectivo sigue siendo uno de los actos de protesta más recurrentes y que con más eficacia logran captar la atención mediática.

La efectividad o el éxito del ayuno reivindicativo depende de cada caso: naturaleza de la protesta, país en el que se hace, número de personas que la secundan, impacto social generado, etc. En algunos casos, las autoridades pueden empezar a mostrarse receptivas tras un periodo de tiempo relativamente corto:

Hoy es el decimocuarto día de nuestra lucha de estómagos vacíos. El IPS (Sistema Penitenciario de Israel) comienza a tomarnos en serio y empieza a dialogar atentamente con los líderes del movimiento. Se han dado cuenta de que la huelga no se romperá fácilmente y que tienen que ser más flexibles, a diferencia de cómo se comportaban en los primeros días de la huelga[1].

Otras veces, aunque la huelga acabe surtiendo el efecto esperado, el costo es demasiado alto y los protestantes no llegan a ver el fruto de su reivindicación.

La protesta de los presos políticos en Turquía en 1984[2] acabó con la vida de cuatro personas, mientras que la huelga de hambre irlandesa de 1981[3] costó diez vidas. El 25 de mayo de 1972, el disidente cubano Pedro Luis Boitel, moría de hambre en la misma cárcel, tras 53 días de ayuno. En 2011, el vidente indio Swami Nigamanand ayunó hasta su muerte.

La cruzadad por la salud

El verano de 2008, el activista francés Bernard Clavière emprendía una de las más recientes manifestaciones del ayuno como forma de reivindicación social. Consistía en una marcha de 500 km, desde Gironde hasta París, durante la cual no comería. Su motivo era romper el silencio contra la ignorancia y los prejuicios en torno al ayuno y la reducción alimenticia.

Sin embargo, en las condiciones actuales de nuestra economía ultra liberal ¿cómo podemos pedir a nuestras autoridades el fomento del ayuno? Esto es lo que hago con la Cruzada por la salud. Porque el ayuno también puede reducir significativamente el déficit de la Seguridad Social y ahorrar grandes sumas de dinero para invertirlas en otros asuntos por el bien común. Clavière, Bernard. Et si on s’arrêtait un peu de manger… de temps en temps. Gironde-sur-Dropt: Nature & Partage, 2008.

Repetida al año siguiente, la Cruzada por la Salud congregó alrededor de cincuenta personas en ambas ediciones. Durante 14 días caminaron y ayunaron bajo este principio, al que se unía la voluntad de dar a conocer el ayuno como arte curativo. Se trata, sin duda, de una manifestación del ayuno reivindicativo única en relación con todas las demás.

Bernard Clavière es presidente de la asociación Nature & Partage (Naturaleza y Compartir), dedicada a fomentar la práctica de hábitos saludables y mejorar la calidad de vida de las personas. Aconseja la práctica del ayuno en tanto que método fundamental, el más antiguo, más sencillo y más eficaz para recuperar y preservar la buena salud.

Además de su Cruzada por la Salud, entre otras actividades, Clavière imparte conferencias y ha publicado Et si on s’arrêtait un peu de manger… de temps en temps (Y si dejásemos de comer un poco… de tanto en tanto), un ensayo donde comparte sus reflexiones acerca del ayuno, para los “perezosos de la cocina, los rebeldes de la dictadura agroindustrial, médica y gastronómica, y para los que están cansados de sufrir innecesariamente”[4].

Dilema ético

No sólo a los huelguistas y a sus allegados presenta el fenómeno del ayuno una situación complicada, ya sea por la injusticia de la que son víctimas como por el deterioro en la salud que puede comportar cuando es llevado a cierto extremo.

Existe un colectivo al que por lo general se pasa por alto y que debe afrontar un dilema ético cada vez que un preso decide dejar de ingerir alimentos. En la mayoría de casos, las autoridades penitenciarias intentan alimentar forzosamente a los presos en huelga de hambre, tanto por vía oral como mediante sondas. En última instancia, quien debe tomar esa decisión son los propios médicos.

Así pues, la comunidad médica se ve en el dilema de plantearse hasta qué punto es ético o están legitimados a intervenir en contra de la voluntad de una persona que ha decidido llevar su inanición hasta la última consecuencia. Se trata de un caso análogo a la controversia de la eutanasia o suicidio asistido.

A fin de regular una pauta de conducta profesional al respecto y establecer las responsabilidades derivadas ante semejantes circunstancias, en 1992 se redactó la Declaración de Malta de la Asociación Médica Mundial sobre las Personas en Huelga de Hambre[5], en la cual se dice, entre otras cosas que:

Toda decisión pierde fuerza moral si se toma involuntariamente bajo amenazas, presión o coerción de los pares. No se debe obligar a las personas en huelga de hambre a ser tratadas si lo rechazan. La alimentación forzada contra un rechazo informado y voluntario es injustificable.

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