Desde la Antigüedad

1. La cultura del ayuno en la historia

Ayunar ha sido una práctica común en buen parte de las civilizaciones a lo largo de toda la historia de la humanidad. Aunque los objetivos de ayuno varían entre ellas, se pueden establecer dos categorías básicas: el ayuno por razones de iluminación espiritual, la autodisciplina y otros motivos religiosos; y el ayuno para la alcanzar fines políticos.

Se cree que el hombre primitivo lo practicaba durante los ritos de fertilidad y otras ceremonias celebradas normalmente durante los equinoccios de primavera y de otoño. Los primeros nativos americanos de México y Perú ayunaban para honrar y apaciguar a sus deidades, mientras que para los asirios y los babilonios era una forma de penitencia.

 

2. Antigüedad clásica

En la antigua Grecia, grandes filósofos, pensadores y médicos descubrieron, experimentaron y promovieron los efectos terapéuticos del ayuno. Hipócrates, Platón, Sócrates, Aristóteles, Galeno, entre otros, elogiaron los beneficios del ayuno. Pitágoras exigía a sus estudiantes que ayunasen antes de entrar a sus clases.
Desde la antigüedad, pues las primeras artes curativas reconocían en el ayuno el poder de revitalizar y rejuvenecer tanto cuerpo como mente. Los egipcios, por ejemplo, lo aplicaban como remedio para la sífilis.

Los persas, según Herodoto, mantenían su vitalidad y resistencia con una sola comida al día y absteniéndose de comer carne. Los espartanos entrenaban a sus hijos con ayunos progresivamente para “endurecerlos”. Los soldados romanos ayunaban una vez a la semana. Los Hounzas celebraban rituales de ayuno varias semanas al año. Otro de los más ilustres médicos y filósofos de los primeros tiempos, Avicena, prescribía a sus pacientes ayunos terapéuticos de 3 a 6 semanas como medicina contra sus enfermedades.

 

3. Edad media

En el siglo XVI, el médico suizo Paracelso, uno de los tres padres de la medicina occidental, decía que “el ayuno es el mejor remedio; es el médico interior”. En el siglo XVII, el Dr. Friedrich Hoffmann escribió el tratado Cómo curar enfermedades graves mediante la moderación y el ayuno, en el cual se exponen las virtudes de la meditación y el ayuno para sanar las enfermedades del alma.

En el siglo XVIII, el médico y sacerdote Bernardo de Malta, recurre a los ayunos prolongados de treinta días, acompañados de prácticas naturistas como la oxigenación, la luz solar y el vegetarianismo.

 

4. Siglos XIX et XX

A partir del siglo XIX, el estudio del ayuno terapéutico comenzó a vivir su época de mayor difusión. Cada vez más eran los médicos e investigadores de tendencia naturalista que dedicaron su tiempo al estudio de los efectos beneficiosos del ayuno.

En Alemania, nación de los Heilpratikers (médicos curativos o naturópatas), preconizaron el ayuno los doctores Adolph Mayer, S. Möller, Riedlin, Kapferer y Buchinger, entre otros. El médico ruso-alemán Dr. Von Seeland escribía que “el ayuno es un terapia del mayor grado posible”.

El Dr. Christian Gustav Adolph Mayer afirmaba en una de sus obras: “El ayuno es el medio más eficaz para corregir cualquier enfermedad”. El Dr. Möller escribió que “el ayuno es el único método evolutivo natural mediante el cual, a través de una depuración sistémica, se puede recobrar gradualmente la normalidad fisiológica”.

En Norteamérica, el doctor Edward Hooker Dewey, de quien se dice que llegó a curar a un enfermo de tifus con un ayuno de 35 días, dedicó buena parte de su actividad a difundir las bondades de esta práctica, tanto cortos como largos. En el prefacio a su obra cumbre, El ayuno curativo, podemos leer:

“(…) desorientado por las supersticiones médicas, el autor finalmente se ha convencido de que sólo la naturaleza cura la enfermedad. (…) Cada línea de este libro fue escrita con la creencia de que la imposición de alimentos y de medicamentos agresivos con el organismo pueden ser una práctica profesional aceptable en tiempos de barbarie, pero indignas en la época en que vivimos”.

Una discípula de Dewey, Linda Hazzard, la cual trabajó para perfeccionar el método de su maestro, llegó a supervisar ayunos terapéuticos de hasta 75 días. Es cierto que cuatro de us pacientes murieron. Sin embargo, éstos llegaron a sus manos tras múltiples tratamientos fallidos y en unas condiciones prácticamente terminales.

En París, el Dr. Jean Frumusan y el Dr. Guelpa recomendaban a sus pacientes pequeños ayunos repetidos con bastante frecuencia.

Desde Suiza, el Dr P. Von Segesser, que trabajaba en el sanatorio de Degersheim, continuó con la práctica del ayuno a partir de comienzos del siglo XIX. Pero no fue hasta 1927 que el gran Claude Louis Berthollet, químico y médico suizo, escribió un monumento sobre el tema (prácticamente al mismo tiempo en que Shelton haría lo mismo en los Estados Unidos). sus ayunos eran individualizados, de largo o corto plazo, y se asociaban con enemas y regímenes dietéticos.

Para el alemán Dr. Hellmut Lützner, autor de múltiples publicaciones sobre salud y ayuno, como las recientes Renacer a través del ayuno y Fasten- und Ernährungstherapie (ayunoterapia y terapia nutricional) ,”El ayuno es una forma de vida prescrita por la naturaleza. Ayunar es un comportamiento del ser humano independiente, libre en cuerpo, alma y espíritu. El ayuno proporciona la pérdida de peso, una limpieza general del organismo, la eliminación de residuos provenientes de la contaminación ambiental o de la acumulación de estimulantes, una piel renovada y un nuevo tono fisiológico y psicológico.”

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