Fases del proceso fisiológico del ayuno

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A lo largo de un proceso de ayuno, nuestro organismo prioriza el consumo de recursos energéticos siguiendo un orden determinado. Este proceso fisiológico puede dividirse en tres fases:

  1. Consumo principal de los Hidratos de Carbono de reserva.
  2. Consumo principal de las Grasas.
  3. Consumo grave de Proteínas.

Fase 1

Durante el primer día y medio (o dos) se consumen las reservas de glucosa circulante (sangre), hepática (hígado) y muscular que tenemos almacenadas. La concentración de glucosa libre en sangre (glucemia) disminuye al cabo de dos o tres días. A partir de entonces el organismo recurre a otras materias y comienza la segunda fase.

Cuando el aporte de glucosa comienza a disminuir, el organismo realiza una serie de reajustes metabólicos para garantizar la disposición de glucosa y mantener las cantidades de energía requeridas por en el cerebro y otras células.

Fase 2:

Llegados a este punto, se intensifica el consumo de ácidos grasos y aumentan los cuerpos cetónicos, una excelente fuente de energía para estos órganos. En un principio, se consumen proteínas no indispensables para la vida, que sólo servirán para ayudar con su neoglucogénesis al proceso de adaptación del cerebro al ayuno hasta que éste se sienta capaz de consumir cuerpos cetónicos.

Ésta es la fase de mayor duración, básicamente porque el consumo de grasas es más lento que el de glucosa. Su duración depende de la constitución de cada individuo, y terminará en el momento en que el organismo se vea obligado a pasar a la última fase de consumo.

Parece ser que la grasa acumulada en el vientre (epiplón o mesenterio), los riñones (zona perirrenal) y en las capas inferiores de la piel (tejido subcutáneo) es la que se consume en primer lugar. Más tarde se toma la grasa acumulada en la zona de los ojos (grasa retroorbitaria), cara (bola de Bichat) y la que rodea a las articulaciones (grasa periarticular).

Fase 3:

Tras haberlo perdido a partir del segundo o tercer día, el apetito reaparece, llegados a esta fase, con una gran intensidad. Esta sensación suele ir acompañada de un notable adelgazamiento y de una gran debilidad.

Durante esta fase, el organismo, habiendo quemado ya la mayor parte de sus reservas de grasa, empieza a consumir proteínas musculares esenciales para la vida. Los mecanismos de reajuste metabólico surgidos en la primera fase comienzan a trabajar por encima de los límites de lo saludable.

Como siempre, la entrada a esta fase dependerá de cada individuo (por lo general no antes de los 20, 30 o 40 días). Aun así, los síntomas son lo suficientemente evidentes como para detectar que se ha llegado a ella y que, por tanto, se debe abandonar el ayuno. Una de sus manifestaciones más frecuentes es el edema.