Historia del Higienismo

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Historia del Higienismo

El término higienismo proviene de Higea, Higía o Higieia, título asignado a la diosa griega Atenea por sus múltiples curaciones. Si Esculapio es conocido como el dios de la medicina, Higea, su hija, es la diosa de la Salud.

El concepto del higienismo se estableció a probablemente principios del siglo XIX, como postura para reivindicar la salubridad dentro de las ciudades.

Promulgado básicamente por médicos y científicos, su objetivo fundamental era acabar con enfermedades epidémicas causadas por la insalubridad y la malnutrición en centros urbanos, como la fiebre amarilla o el cólera.

Así pues, el movimiento higienista parte de una visión de la salud entendida como un fenómeno social. Esto favoreció la aplicación de normativas como el alejamiento de industrias, mataderos, y cementerios de los núcleos urbanos, así como de sistemas públicos para mejorar las condiciones de vida y garantizar la higiene: alcantarillado, agua corriente, baños públicos, ventilación de locales, desinfección mediante cloro…

En la Edad Media, los gobiernos proclamaban el ayuno en ocasiones determinadas, normalmente coincidiendo con acontecimientos siniestros. Como por ejemplo ante la plaga de peste bubónica de 1563, para intentar acabar con ella, o como acción de gracias tras el frustrado asesinato al rey Jacobo I de Inglaterra durante la conspiración de la pólvora (1605). Con todo, estas “medidas” poco o nada tenían que ver con el concepto higienista del ayuno.

El nacimiento del higienismo tal y como lo entendemos en la actualidad está fuertemente ligado al naturismo y la hidroterapia. Su origen suele vincularse a la experiencia de un labrador checo, Vincent Priessnitz (1799-1851), tras curarse a sí mismo con compresas de agua fría. Su tratamiento combinaba la ingestión diaria de 12 a 80 vasos de agua con duchas de agua fría tras un periodo de sudoración. Esto iba acompañado de una alimentación a base de pan integral, frutas y verduras; de una actividad física moderada (paseos, ejercicios respiratorios, fricciones…); y de la exposición a los beneficios del aire libre y a la luz.

Tras Preissnitz, cabe mencionar el papel que tuvo Sebastián Kneipp (1821-1897) en la difusión del movimiento higieniesta. Este sacerdote partió de las enseñanzas de Priessnitz para curarse de la hemoptisis tuberculosa que padecía. Su método combinaba la aplicación de agua fría, plantas medicinales y una dieta adecuada (lo que posteriormente fue denominado “cura Kneipp”). A raíz de su experiencia propia con la hidroterapia, llegó a crear su propio balneario hidroterapéutico, el cual alcanzaría un notable reconocimiento. Su filosofía ensalzaba la vida sencilla, las prácticas naturistas, el empleo de la tierra y de plantas medicinales inofensivas.

“Cuanto más sencilla y natural sea la vida del hombre, mejor y más feliz se sentirá” L. Kuhne

El naturópata alemán Luis Kuhne (1835-1903) es otro de los padres de la filosofía higienista moderna. Seguidor del pensamiento de Kneipp, y empeñado en continuar los estudios sobre medicina moderna de sus padres, profundizó en el terreno de la hidroterapia, primero para curar su propia enfermedad y después en pos del bien común. Fundó un sanatorio en Leipzig, dio múltiples conferencias y publicó varias obras, entre las que destaca La nueva ciencia de curar. A diferencia de Kneipp y Preissnitz, Kuhne prescribía, en su “nuevo arte de curar”, una dieta clara y exactamente determinada en la ley de la naturaleza. Había definido un método más específico y simplificado, basado en el perfeccionamiento de los “baños de asiento”.

No fue hasta la intervención de los doctores Jennings, Graham y Trall cuando el higienismo experimenta sus mayores avances. A partir de entonces empezó a relacionarse el ayuno con el higienismo de manera íntima, asignándole un papel sanador fundamental.
Isaac Jennings comenzó a prescribir el ayuno a sus pacientes de manera subrepticia, recetándoles píldoras que, en el fondo, no eran sino placebos. Durante el período de “medicación” sólo podían beber agua, y debían prescindir de los alimentos sólidos: es decir, un ayuno hídrico. Su método de “no-medicación” o de “no hacer nada” (tal y como él lo llamaba), alcanzó un éxito considerable. Tras investigar las bases científicas del tratamiento, publicó sus “leyes de la vida”.

Si bien el doctor Jennings enfocaba sus investigaciones con objetivos puramente médicos (es decir, como métodos curativos), podemos considerar a Sylvester Graham como el que promulgó lo fundamentos del higienismo en tanto que forma de vida y como método preventivo.

“El verdadero arte de sanación” fue el título que el doctor Russell Thacker Trall dio a una famosa y polémica conferencia, desde la cual cuestionaba al sistema médico tradicional. Este cuestionamiento fue más allá, llegando a formular su popular “reto”, basado en dos premisas básicas: la falsedad total del sistema médico y la autenticidad del sistema higiénico.

Pese a haber fundado su doctrina a partir de los hallazgos de sus predecesores, el doctor Herbert M. Shelton (1895-1985) es considerado el recuperador del Higienismo tras el periodo de declive que el movimiento experimentó entre 1870 y 1920. Shelton fue autor de una cantidad inmensa de nuevos hallazgos y pensamientos sobre la ciencia y arte de la vida sana. Entre toda su obra destaca principalmente su libro La vida humana, su filosofía y leyes (1927). Hoy en día se le considera uno de los más distinguidos terapeutas nutricionales y el principal defensor de la corriente higienista.

En la actualidad, y aunque no sea una corriente demasiado conocida por el gran público, múltiples naturópatas practican y recomiendan estas prácticas. Algunos nombres relevantes son Joel Fuhrman, Désiré Mérien, Passebecq, Moseri y André Torcque. En España cabe mencionar a los doctores Pablo Saz, Eneko Landaburu, Almudena Moreno, Karmelo Bizkarra y Graciela Cao.

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